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Ana Vázquez/ vídeo: Aarón Misis
Viernes, 2 de junio de 2017
CERCA DE UNA TREINTENA DE RESTAURANTES PARTICIPÓ EN EL EVENTO

Alrededor de 1.500 personas dan calor al cochinillo, exaltando su monumentalidad al nivel del Acueducto

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El cocinero Sacha Hormaechea destacó en un pregón lleno de cariño hacia la ciudad y su gastronomía, que "Segovia hace muchos años que descubrió que la cocina era cultura".

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"Estamos entre dos monumentos; el Acueducto y el cochinillo", proclamaba ayer en la plaza del Azoguejo, junto a una gran hilera de cocineros y lechones listos para ser degustados por la ciudadanía, la consejera de Agricultura, Milagros Marcos. A su lado, el cocinero Sacha Hormaechea sonreía feliz, plato en mano, como manda la tradición, después de haber pronunciado en el pregón de la Fiesta de Exaltación del Cochinillo una serie de palabras llenas de cariño hacia la ciudad y su gastronomía.


"Segovia hace muchos años que descubrió que la cocina era cultura antes de que existiesen los programas de televisión", proclamaba Sacha, quien decía considerarse un segoviano más desde hace 40 años. El prestigioso cocinero recordaba la importante actividad previa a la cocina de ganaderos y agricultores y cómo "hay gente que se levanta todos los días para seguir alimentando al campo".


Además, el chef habló acerca de cómo "la cocina es vida" y de cómo la ciudad está llena de gente "que está para hacernos felices". "Segovia es capital de la cocina", indicaba Hormaechea, al tiempo que apuntaba que "en este lugar se gana el tiempo, no se pasa ni se pierde" y mientras destacaba la unión de todos los cocineros de Segovia para poder llevar a cabo este festejo en el que se homenajea a su plato estrella.


Con dulzaina y tamboril sonando, y un calor que soportaron más de 1.400 estómagos agradecidos, Segovia celebró por segundo año consecutivo un festejo que atrajo la mirada curiosa de todos los turistas que se encontraban alrededor de las 19:00 horas por la plaza del Azoguejo, y que se ganó el aplauso de propios y extraños mientras los platos rompían contra el suelo y la cola comenzaba a desfilar, para dar calor al cochinillo y convertir su celebración, realmente, en una de todos los segovianos. El cordero será, el domingo, el siguiente.

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