Solemos decir que el movimiento de mujeres es un movimiento “insistencialista” que desde el siglo XVIII hasta hoy viene insistiendo en la reivindicación de la igualdad real para mujeres y hombres.
Los hombres en la Revolución Francesa denunciaron los privilegios y reclamaron que todos los hombres deben ser iguales, pero en la palabra “hombres” no estaban incluidas las mujeres. Así las mujeres aprendimos que, a pesar de haber sido compañeras en la lucha por la democracia, llegada la hora de nuestras demandas debíamos emprender la marcha solas, y establecimos que si todos los hombres deben ser iguales, también las mujeres deben ser iguales a los hombres en derechos y deberes.
Desde entonces hasta hoy hemos trabajado duro y seguimos insistiendo. Este “insistencialismo” pacífico ha logrado importantes retos, como el de incorporar al 50 % de la población al derecho al voto, a la propiedad, a la educación, al trabajo remunerado…y sigue insistiendo en lo personal, familiar, económico y social. Es necesario hacer una alusión a estos importantes avances que se han producido por la igualdad, precisamente, por la lucha y empeño de las mujeres y de sus asociaciones en nuestro entorno occidental.
De este avance, están muy lejos otras mujeres de otras partes del mundo. Dos tercios del planeta relegan a la mujer a una condición indigna y en muchos casos, son víctimas de conflictos armados o sufren una infravaloración por la única condición de “ser mujer”, devaluando sus vidas por debajo del valor de un pollo, como en el caso de muchas mujeres rurales en China.
Aún así, a las mujeres occidentales nos queda mucho para alcanzar la igualdad necesaria y real, prueba de ello son, entre otros, los constantes ataques a la Ministra de Igualdad desde algunos sectores, que cuestionan implícitamente la necesidad de trabajar y conseguir la igualdad, o el cuestionamiento, acompañado casi siempre de chascarrillo, de la existencia de un Ministerio de Igualdad, poniendo también en duda la veracidad o no de las denuncias que las mujeres ponen sobre los malos tratos que reciben. En otros casos, este sueño por la igualdad se evapora con actuaciones intolerables por parte de nuestros representantes, que frivolizan con la imagen de las mujeres a través de campañas publicitarias de dudoso gusto y de carácter degradante e irrespetuoso.
Últimamente se habla mucho en todos los medios de comunicación de la conciliación de la vida familiar y laboral, cosa lógica, ya que éste es uno de los grandes retos de nuestra sociedad, sin embargo con mucha frecuencia se plantea como un asunto “de las mujeres” en lugar de cómo un problema social, o sencillamente estos discursos se limitan a foros o encuentros de mujeres, ¿Por qué no hablan nuestros gobernantes de Conciliación Familiar y Laboral en foros de economía, de deportes, de desarrollo o de hombres?...La mayoría de las mujeres ya sabemos lo que es conciliar y reconciliar, aunque lamentablemente muchas veces no tenemos con quién.
Para que nuestro país prospere se necesita gente que trabaje, y mientras no haya políticas reales que hagan que la mujer tenga las mismas oportunidades laborales y sociales que los hombres, será más difícil salir de la crisis. La contínua pérdida de población femenina en el medio rural es otro reto de nuestra sociedad, que requiere del diseño y puesta en marcha, con carácter urgente, de políticas innovadoras tendentes a estimular la permanencia de la juventud en el medio rural y en el sector agrario, haciendo una apuesta real por nuestros pueblos, con medidas que valoren y confíen en las mujeres jóvenes con estudios que siguen valorando el medio rural como su forma de vida, luchando contra la realidad de nuestra comunidad, donde cada vez somos menos personas, menos campesinos en nuestros campos y menos mujeres en nuestros pueblos.
Nuestra Federación de Mujeres, junto a ISMUR está trabajando en ello, y conscientes de que la mujer es clave para la dinamización del medio rural, estamos aportando mejoras al Plan Específico de Apoyo a la Mujer Rural elaborado por la Consejería de Familia de la JCYL, incidiendo en la formación y participación activa de la mujer y requiriendo el establecimiento de un Comité de Seguimiento, formado por personas externas a la Comisión, que pudiera trabajar en la evaluación y seguimiento de dicho plan.
Las mujeres hemos ensanchado la democracia haciendo un mundo más humano, más justo y más igualitario, pero ahora más que nunca, es necesario trabajar duro y con carácter urgente por nuestros pueblos, por nuestras mujeres y por nuestros jóvenes. Seguimos insistiendo.
*Rosa Arranz ISMUR (Iniciativa Social de Mujeres Rurales)
Federación de Mujeres de la Unión de Campesinos de Castilla y León