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Lunes, 13 de agosto de 2012

Las "Esculturas en libertad" de Covatelo en la Huerta de San Marcos

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Hijo y nieto de escultores, (Lorenzo Coullaut Valera - Marchena, 1876-Madrid, 1932 y Federico Coullaut-Valera – Madrid, 1912- La Granja, 1989), escultores académicos a los que debemos varias de las figuras que adornan la Gran Vía madrileña, Lorenzo Coullaut-Valera (Madrid, 1944 – La Granja, 2002) continuó la tradición familiar de forma oblicua. Por un lado, frente a la profesionalización de sus antecesores, abordó la creación artística como un ejercicio de libertad sin deudas ni cortapisas.


Es decir, se ganó el pan como ingeniero agrónomo, pero dejó a su muerte la friolera de unas 3.000 esculturas. Por otro lado, sus materiales fueron los menos convencionales: hierros oxidados, maderas descartadas y objetos varios de esos que podemos clasificar como desechos (muñecos, zapatos, circuitos impresos…).  Y sin embargo, conforme pasa el tiempo, las esculturas de su padre y su abuelo van quedando irremisiblemente atrapadas en el pasado, mientras que las suyas resultan cada vez más nuestras contemporáneas. Quizás esto es lo que quería decir Lorenzo Coullaut-Valera cuando se denominó a sí mismo “un anónimo del siglo XXIII”.

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Participó a lo largo de su vida en una docena de exposiciones colectivas y en cuatro individuales (de una de ellas, en la que se desdoblaba en varios heterónimos, surgió el anagrama que utilizaría en adelante: Covatelo). Pero desde 1992 se apartó por completo de la escena pública. Hay que señalar que ese apartamiento ha condicionado por completo su valoración. En una sociedad en que nos definimos antes que nada por nuestro trabajo (cuando no por nuestra remuneración) ¿cómo iba a ser reconocido como artista alguien que no vendía su obra y que ni siquiera figuraba como tal? Covatelo no figuraba, era. Y era un artista de cuerpo entero. Trabajador incansable, rescataba desperdicios de chatarreros, caminos y vertederos para realizar la ingente labor de devolvérnoslos convertido sen arte. Siempre tuvo la cortesía de no utilizar materias primas para producir sus obras y en su lugar llevó a cabo lo que podríamos considerar una poética de los residuos de la sociedad industrializada. Porque su labor fue, por así decir, reciclar la pérdida de sentido de cuanto desdeña o atropella el progreso. Insuflar vida a lo consumido para que circulara de nuevo produciendo gozo.


Aunque utilizó materiales diversos, el más abundante en el hierro, ya se tratara de piezas, recortes o incluso metralla encontrada en los campos donde el ejército hacía prácticas de tiro. La soldadura electrógena era el pegamento con el que realizaba sus extraordinarias esculturas, al modo de collages en tres dimensiones. Covatelo, en una actitud muy postmoderna, no sólo reciclaba materiales sino también estilos y así en su obra podemos detectar rasgos cubistas, minimalistas y conceptualistas en distintos grados de pureza. Sin embargo es el cubismo el lenguaje que mejor le define y al que debe obras más logradas. Sería, por todo ello, una especie de hijo tardío de Julio González, con una afición al objeto encontrado y su combinatoria propio del surrealismo (y del conquense de adopción Antonio Pérez). La otra gran influencia, o mejor, su adscripción más profunda, es Dadá. Irreverencia, talante antiartístico (desarrollado artísticamente) y afición al desperdicio. Bustos y figuras, peces y pájaros, pies e instrumentos musicales son las tipologías más abundantes, sin pretender con ellas limitar una obra vasta, variada y siempre sorprendente.

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El propósito de esta muestra es dar a conocer a la figura de L.C.V., personaje vinculado a La Granja y a Segovia capital a lo largo de toda su vida. Su singularidad en ese contexto, a fines del siglo XX y comienzos del XXI, no tuvo parangón. Además de la reivindicación de su figura, creemos que este es un momento en que resulta necesario promover los valores inscritos en su obra: el carácter ecológico de una creatividad que recicla lo desperdiciado, la creatividad humana más allá de la profesionalización, la fe en la propia iniciativa y la asunción de una responsabilidad personal que no se puede delegar…

 

                                                           Comisario José María Parreño

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